Un sorbo de agua fría que provoca un pinchazo en un diente, una raíz que parece más larga o un cambio visible en la línea de la encía suelen ser las primeras señales de alarma. El tratamiento de encías retraídas no consiste en aplicar una solución estándar: primero hay que entender por qué la encía ha perdido altura, cuánto tejido se ha perdido y si la situación continúa avanzando.

La retracción de las encías, también llamada recesión gingival, deja expuesta una parte de la raíz dental que antes estaba protegida. No siempre causa dolor, pero puede favorecer la sensibilidad, la acumulación de placa, el desgaste de la zona expuesta y, en algunos casos, afectar a la estética de la sonrisa. Una valoración profesional permite decidir si basta con controlar la causa o si conviene recuperar el tejido mediante un tratamiento específico.

Por qué se retraen las encías

La causa más conocida es la enfermedad periodontal. Cuando la inflamación producida por bacterias permanece durante tiempo, puede dañar los tejidos que sujetan el diente, incluida la encía y el hueso. Sin embargo, no toda encía retraída responde a una periodontitis. De hecho, es frecuente observar recesiones en personas con una higiene cuidada, pero con otros factores que conviene identificar.

Un cepillado demasiado enérgico, con cepillos duros o una técnica horizontal repetida, puede traumatizar la encía de forma progresiva. También influyen una encía naturalmente fina, la posición del diente fuera de la arcada, apiñamientos, una mordida que concentra demasiada fuerza en determinadas piezas, el bruxismo o el tabaco. En algunas personas, los piercings orales y ciertos hábitos de manipulación también irritan la zona.

Por eso, ver una raíz más expuesta no permite sacar conclusiones por cuenta propia. Dos recesiones que se parecen a simple vista pueden requerir enfoques muy distintos. Si existe inflamación y sangrado, la prioridad será controlar la enfermedad periodontal. Si la encía está sana, pero el diente tiene una posición desfavorable o el cepillado está dañando el tejido, el plan será diferente.

Diagnóstico antes del tratamiento de encías retraídas

Una exploración completa no se limita a mirar la encía. El profesional mide la profundidad del surco gingival, registra el nivel de inserción de cada diente, comprueba si existe sangrado, movilidad o pérdida de hueso y valora el grosor de la encía. Las radiografías, cuando están indicadas, ayudan a conocer el soporte óseo que no se aprecia a simple vista.

También se analiza la forma de cepillarse, el tipo de cepillo y pasta utilizados, la presencia de placa o sarro, la mordida y posibles hábitos de apretamiento. Este estudio permite diferenciar una recesión estable de otra que está activa. Esa diferencia es relevante: cubrir una raíz sin corregir antes la causa puede comprometer el resultado a medio plazo.

En pacientes que llevan ortodoncia, implantes, coronas o restauraciones cercanas a la encía, la planificación debe ser aún más precisa. La posición dental, los márgenes de las restauraciones y la salud de los tejidos deben valorarse en conjunto. Un enfoque multidisciplinar ayuda a decidir el orden adecuado de cada tratamiento.

Qué opciones existen según cada caso

No todas las encías retraídas necesitan cirugía. El objetivo inicial es detener la progresión, reducir el riesgo de daño en la raíz y aliviar las molestias. Después se valora si es posible o conveniente mejorar la cobertura de la encía.

Control de la inflamación periodontal

Cuando hay gingivitis o periodontitis, el tratamiento comienza con la eliminación profesional de placa y cálculo dental, junto con una pauta de higiene adaptada. En casos más profundos puede ser necesario realizar un tratamiento periodontal específico bajo la encía.

La respuesta de los tejidos se revisa después de esta fase. La inflamación puede hacer que la encía parezca más voluminosa y oculte parcialmente la pérdida real de tejido. Tratar primero la causa permite medir la recesión con mayor fiabilidad y planificar el siguiente paso sin precipitación.

Ajuste de la higiene y control de la sensibilidad

Si el cepillado traumático está implicado, aprender una técnica suave y eficaz forma parte del tratamiento. Generalmente se recomienda un cepillo de filamentos suaves, movimientos delicados sobre la línea de la encía y una pasta adecuada para la sensibilidad si existe molestia. No se trata de cepillarse menos, sino de limpiar bien sin lesionar el tejido.

Cuando la raíz expuesta duele con el frío, el dulce o el cepillado, pueden aplicarse productos desensibilizantes en clínica. Si hay desgaste o una lesión en la raíz, una restauración pequeña puede proteger la superficie. Esta opción mejora la comodidad y ayuda a conservar el diente, aunque no sustituye a la encía perdida.

Férula, ajustes o corrección de factores de carga

Apretar o rechinar los dientes no provoca por sí solo todas las recesiones, pero puede agravar ciertos problemas cuando se combina con una encía fina, una mordida desfavorable o desgaste dental. Si se detecta bruxismo, una férula de descarga diseñada a medida puede reducir la sobrecarga nocturna.

En otros casos se estudia si existe un diente muy desplazado o una mordida que concentra fuerzas en una zona. A veces la ortodoncia ayuda a mejorar la posición dental y a facilitar una solución periodontal más estable. El orden importa: hay situaciones en las que conviene mover el diente antes de una cirugía de encía y otras en las que se necesita proteger el tejido previamente.

Injerto de encía y cirugía mucogingival

Cuando la recesión es significativa, sigue avanzando, genera sensibilidad persistente o afecta a la estética, puede plantearse una cirugía mucogingival. Su finalidad puede ser cubrir la raíz parcial o totalmente y, en muchos casos, aumentar el grosor de la encía para hacerla más resistente.

Una técnica habitual utiliza tejido del propio paladar o un injerto de tejido conectivo, combinado con el desplazamiento de la encía de la zona afectada. La elección depende de la localización del diente, la cantidad de hueso, el tipo de recesión, el grosor gingival y las expectativas realistas de cobertura.

No siempre es posible cubrir al cien por cien una raíz expuesta. Los resultados suelen ser muy favorables en recesiones seleccionadas, especialmente cuando no existe pérdida interdental de hueso ni inflamación activa, pero prometer el mismo resultado para todos los casos no sería honesto. Aun cuando la cobertura completa no sea viable, reforzar la encía puede mejorar la estabilidad y disminuir las molestias.

Cómo es la recuperación tras un injerto de encía

La recuperación requiere cuidado, pero habitualmente es más llevadera de lo que muchos pacientes imaginan. Durante los primeros días se evita cepillar directamente la zona intervenida, se siguen las indicaciones de higiene pautadas y se priorizan alimentos blandos que no requieran una masticación intensa. También conviene evitar tabaco, ejercicio muy intenso y tirar del labio para revisar la zona repetidamente.

Las revisiones permiten controlar la cicatrización y retirar puntos cuando corresponde. La apariencia final no se valora de inmediato: los tejidos necesitan semanas y, en ocasiones, meses para estabilizarse. Mantener una higiene cuidadosa y acudir a los mantenimientos indicados es tan importante como la propia intervención.

Señales para pedir una valoración

Conviene consultar si observa que uno o varios dientes parecen más largos, nota sensibilidad que no mejora, sangrado frecuente, mal aliento persistente o cambios en el color de la raíz. También es recomendable revisar la encía si detecta una muesca cerca del cuello del diente, si ha cambiado recientemente de cepillo o técnica de cepillado, o si aprieta los dientes con frecuencia.

Actuar pronto no implica que vaya a necesitar cirugía. En muchas situaciones, identificar el origen y establecer una pauta de prevención evita que la recesión siga avanzando. Esperar a que haya mucho dolor o un cambio estético evidente reduce las opciones más conservadoras.

Preguntas frecuentes

¿La encía retraída vuelve a crecer sola?

La encía que se ha perdido no suele regenerarse espontáneamente. Sí es posible frenar la evolución, mejorar la salud del tejido y, en casos indicados, recuperar cobertura mediante cirugía periodontal.

¿El cepillado debe ser más suave si tengo recesión?

Sí, pero suave no significa insuficiente. La clave es usar una técnica correcta, filamentos suaves y una presión controlada. Un profesional puede mostrarle cómo adaptar la higiene a sus necesidades.

¿Una recesión siempre significa periodontitis?

No. Puede estar relacionada con cepillado traumático, anatomía gingival, posición dental, bruxismo u otros factores. La exploración periodontal es la que permite confirmar si hay enfermedad periodontal activa.

Una encía sana es una parte esencial del soporte de cada diente y merece la misma atención que una caries o una fractura. En Carel Dental, una valoración personalizada permite abordar la recesión con calma, explicar cada alternativa y elegir un tratamiento ajustado a la causa, a la salud de su boca y a lo que realmente necesita.